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DISCRIMINACIÓN EN ESTADOS UNIDOS, ¿Y YA NOS REVISAMOS EN COLOMBIA?

11/06/2020. Por: Haidy Sánchez Mattsson
Gran conmoción y convulsión ha tenido el catastrófico caso de la muerte del afroamericano de 46 años George Floyd. Muchos lastimosamente hemos visto un video que rueda por las redes sociales y los medios de comunicación, y que muestra clara y espeluznantemente cómo el cuello de George es presionando con la rodilla del agente de policía americano Derek Chauvin. Este acto cruel y despiadado ha removido fuertemente cualquier clase de emociones y reacciones en muchísimas personas a nivel planetario. Vuelve y juega la historia psicológica asociada al racismo, a la discriminación y al abuso de poder.
Para entender la discusión acerca del racismo, uno debe distinguir entre los prejuicios raciales a nivel individual y el problema estructural del racismo en una sociedad. Las protestas de “Black Lives Matter” que ahora están arrasando en todo el mundo no se refieren exclusivamente al policía que asesinó a George Floyd comportándose racista, sino que pretenden abrir la discusión sobre reformas y cambios de la estructura racista y de la perspectiva social sobre los negros; dentro de la policía pero, igualmente primordial, en la sociedad en general.
En Colombia sabemos que se discrimina todos los sagrados días. Esas discriminaciones las vemos y muchos las sentimos tanto en vivo y en directo como por las redes sociales y los medios de comunicación. Abundan escenas de mal gusto con una recarga de discriminación y prejuicios por las calles, así como en las escuelas, en los lugares de trabajo y en los hogares. No hay un día que pase sin que se violenten los derechos de las personas en razón de su etnia, género, orientación sexual, condición socioeconómica y no menos por su nacionalidad. Porque de pronto Colombia se convirtió en un país que discrimina personas de nacionalidad extranjera, cuando hace unos pocos años éramos nosotros los que teníamos la marca propia en el exterior de ser mafiosos y narcotraficantes y por eso sentíamos el sinsabor de lo que significa vivir en carne propia el ser rechazados por ser de un país determinado.
Si nos enfocamos específicamente al tema del racismo, es evidente que el país se divide en cuanto al mismo. Unos se declaran antirracistas, y otros prefieren decir que el racismo no existe, que son los mismos negros los que se “victimizan”, “los que se perciben menos que los demás”, “que son unos acomplejados”; y cuántas veces también se ha escuchado: “ellos no son sino unos resentidos”.
Tampoco es caso aislado que de vez en cuando se eche un chiste sobre el “negrito” o que se digan expresiones como: “esta semana me ha tocado trabajar duro como negro , para vivir como blanco”, “tú mejoraste la raza con casarte con un blanco” o "ella es negra, pero es bonita”. Son solo expresiones que según los que las utilizan no tienen el sentido de "pordebajear” a nadie; es más, según ellos, no se debe malinterpretar la buena intención que tienen al expresarse así.
Es como que se espera que nos hagamos los de “la vista gorda”, y es más… tomemos el comentario con frescura y de una forma jocosa; porque es como que a los negros nos han definido una marca y se espera que la aceptemos, la normalicemos y la integremos así …sin mayores líos.
Un concepto que según mi opinión entra en contexto en la discusión relacionada con los prejuicios y la discriminación es la igualdad; por esta razón quiero en esta columna expresar algunas citaciones y reflexiones, con el objetivo de despertar ideas y pensamientos relacionados con la misma.
Ayuda mucho recordar que la “Declaración Universal de Derechos Humanos” nos pone en contexto la importancia de poner en práctica en nuestras sociedades los principios de la igualdad y la no discriminación; pero es evidente que muchos hacen caso omiso a estas declaraciones, y resultan por el contrario acentuando la grave situación de discriminación que vivimos, y violentando a los grupos ya vulnerados.
Según mi opinión, lo grave de la situación que vivimos en Colombia a nivel del respeto a las diferencias consiste en que históricamente una parte de nuestra sociedad se ha venido concentrando desbordada y desequilibradamente en repartir atributos, calificar o descalificar sujetos, categorizar a los mismos en "especiales” o “diferentes”. Armando de esta forma nuevas categorías con nuevos códigos sociales incluyentes o excluyentes que desafortunadamente refuerzan los prejuicios y la discriminación; peligroso panorama en sociedades históricamente clasistas, excluyentes y violentas.
El impacto negativo de los prejuicios y la discriminación en la salud mental ha sido explicado por diferentes investigadores; estos explican las enormes consecuencias de estos actos, y cómo estos dejan secuelas, heridas, huellas, dolores, inseguridades, nostalgias y baja autoestima en muchos individuos, grupos y comunidades vulneradas.
Por esta razón, situaciones que ponen de relieve las diversas clases de racismo y discriminación existente en muchas sociedades, donde vemos desde la discriminación y racismo sutil y simbólico hasta los casos más grandes de aversión como los de George Floyd, crean una reacción de rechazo de la mayoría de la población afrodescendiente --y por satisfacción la no afro--, que ya está cansada de esto, que no quieren seguir viendo tampoco casos como el de nuestro joven afrocolombiano Anderson Arboleda, descendiente de la ciudad de Puerto Tejada, que al parecer murió como consecuencia del maltrato físico por parte de unos policías.
Y retumban las preguntas: ¿será que los negros, están condenados a vivir para siempre con la persecución y la discriminación racial o será posible la movilización colectiva para avanzar en la superación de los mismos?
Pero pese a lo difícil y un poco difuso del camino a recorrer; es imprescindible que se sigan rechazando las malas mañas existentes en Colombia de excluir y categorizar a los ciudadanos en ciudadanos de primera y segunda clase.
Cada uno de nosotros tenemos la responsabilidad de ser incluyentes y tolerantes. La inclusión obviamente no debe basarse al ámbito étnico, sino a la inclusión de todos los miembros de la sociedad independientemente de su etnia, condición física, mental, sexual, religiosa y política. Todos y cada uno debemos encontrar un lugar digno en la sociedad a la que todos pertenecemos.
Colombia con su larga historia de desigualdad e inequidad social necesita transformarse donde los equilibrios sociales, el respeto al otro y el aprendizaje colectivo-participativo primen. Y donde adicionalmente las brechas multiculturales cada vez se estrechen.
Porque cuando echamos una mirada a sociedades que muestran tener un elevado índice de salud mental colectiva deteriorada, como Estados Unidos, y nos escandalizamos, por lo mismo también ya somos muchos los que le echamos ojo a lo que nosotros tenemos en nuestra “propia casa”, y queremos un debate incluyente, sin agresiones de parte y parte, un debate alejado de hipocresías y de doble moral; donde aceptemos que sí vemos las diferencias entre los seres humanos, pero que queremos aprender a manejarlas y a tolerarlas y que esta aceptación no conlleve a un “linchamiento social” , sino a tejer la sociedad incluyente con la que los colombianos soñamos. Una sociedad sana que nos permita a todos desarrollarnos plena e integralmente y además posibilite enterrar la pandemia de la discriminación que nos hemos visto sometidos a vivir por los siglos de los siglos....
Cortesía: El Espectador

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